En primer lugar, es importante hacer partícipes a las familias del
proceso educativo de sus hijos/as para así fomentar una educación de calidad.
Como se expone en el Currículo de Educación Infantil, en el artículo 11: los
centros de la Educación Infantil cooperarán con las familias y elaborarán un
plan de actuación que contemple la información de los procesos educativos de
sus hijos y de sus hijas y la colaboración en las actividades de los centros
que se requiera.
Por ello las familias han de compartir la labor educativa con otras
instituciones como es la escuela, ya que ésta puede servir de gran ayuda a la
hora de motivar a los niños y niñas en relación al aprendizaje de las
matemáticas. Además la participación o no de las familias en los procesos de
enseñanza-aprendizaje de sus hijos/as está estrechamente ligada al nivel de
fracaso escolar de éstos/as.
Como bien sabemos desde el AMPA se ofrecen cursos para las familias, pero
generalmente nunca se enfocan al
desarrollo de la competencia matemática, ya que suelen abordar aspectos
relacionados con la lectoescritura o el fracaso escolar. Consideramos que esta
sesión formativa es beneficiosa y útil ya que no hay cursos específicos que
atiendan esta temática. Además también pensamos que las familias no cuentan con
suficiente información que abarque este ámbito y por ello, no pueden ofrecer
apoyo funcional desde casa a sus hijos/as. Por este motivo, y a partir de esta
sesión, pretendemos cambiar la visión de las matemáticas como una asignatura
basada en las operaciones y el conteo, concienciando a las familias que desde
casa hay cantidad de tareas relacionadas con la autonomía que cotidianamente
los/as niños/as realizan y que desarrollan la competencia matemática, como por
ejemplo poner la mesa o llenar un vaso de agua, entre otros.
Ahora bien, para que esto se lleve a cabo de una forma constructiva las
actividades propuestas deben caracterizarse por emplear materiales
manipulativos que desarrollen la creatividad y la imaginación de los/as
niños/as, adaptándose al nivel madurativo y cognitivo de cada uno/a de
ellos/as. Además, cabe destacar que estos materiales han de tener variaciones que
para así puedan adaptarse a cada edad.
Somos conscientes de que es necesario fomentar una actitud positiva en
los niños/as frente al conocimiento matemático, y concretamente al inicio del
conteo, creando actividades funcionales y dotándolas de significado para que
comprendan su importancia, como defiende Elisa Hernández Gutiérrez (2013): debemos plantear situaciones en las que el
alumnado necesite este conocimiento para resolver un problema planteado, en
forma de juego. En
conclusión, las propuestas tienen que nacer de la curiosidad de cada niño/a, de
su entorno más próximo para que así resulten significativas y su aprendizaje
será duradero.
Nuestro papel ya sea como profesorado o como familia es el de
proporcionar recursos y materiales que conduzcan a la investigación y
experimentación, es decir, estrategias para que los/as niños/as construyan su
propio aprendizaje, fomentando así un aprendizaje constructivista[2]. Por lo
tanto, la introducción de la competencia matemática en Educación Infantil debe
enfocarse como una tarea dinámica y motivadora que integre el juego y
actividades didácticas que fomenten el desarrollo tanto cognitivo como
sensitivo. Concretamente, debemos tener presente la
importancia del juego, ya que es una pieza clave en el desarrollo del alumnado (mediante
éste los niños y niñas desarrollan la creatividad, la resolución de problemas,
el aprendizaje de papeles sociales...). Es decir a parte de aprender de forma
lúdica el juego actúa como un medio de autodescubrimiento, exploración y
experimentación con sensaciones, movimientos, etc. y por ello presenta un
sinfín de posibilidades para desarrollar la competencia matemática de los niños
y niñas.
Por otro lado, también es necesario reflexionar sobre la importancia
de las matemáticas desde edades tempranas, concretamente desde los primeros
años de vida, ya que el pensamiento establecido es que el conocimiento
matemático se desarrolla a partir de los 5 años aproximadamente, pero numerosos
autores defienden que existen ciertas nociones lógico-matemáticas en bebés de
0-1 años (son sensibles a cambios en el número de pequeñas cantidades de
objetos). Una de las actividades que resultan sencillas y favorecedoras en
dicha edad son las construcciones con bloques de madera, según Carlos de Castro
Hernández (2011): la actividad de
construcción tiene gran importancia para el desarrollo del pensamiento
lógico-matemático de los niños a partir de 2 años de edad.
Relacionado con este punto encontramos la necesidad de conocer la
evolución del pensamiento matemático de los niños y niñas, para saber qué
debemos trabajar según las edades del alumnado. Los aspectos más importantes a
trabajar en la etapa de infantil son la medición, la geometría, la competencia
lógico-matemática y el número.
Cuando los niños y niñas comienzan la escolaridad ya poseen esquemas
mentales que van desarrollando mediante la manipulación de los objetos. Después
van mejorando estos esquemas y formado otros nuevos que le ayudan a conocer los
objetos más específicamente, distinguiéndolos de otros, estableciendo
relaciones, etc. Es decir, comienzan a agruparlos y clasificarlos por criterios,
constituyendo así y de forma progresiva nuevas relaciones entre los objetos. De
este modo, comienzan a establecer relaciones de orden y seriaciones de
elementos adquiriendo de forma progresiva el concepto de cantidad y de número.
A partir de aquí se va desarrollando poco a poco y se va ampliando su
competencia matemática.
Concretamente, respecto al aprendizaje del número consideramos que
hemos de planificar actividades que lo desarrollen de manera natural,
planteando situaciones en las cuales el/la niño/a necesite esta técnica para
resolver un problema situado en su cotidianidad, tal y como expone Marta Rada
Cimorra (2013): El aprendizaje de las
matemáticas en la educación infantil debe basarse en la búsqueda de
herramientas por parte de los alumnos que les permitan superar los problemas
planteados de forma satisfactoria, todo ello bajo una temática lúdica que
atraiga la atención de los alumnos.
Por otra parte, debemos concienciar a las familias de que la adquisición
del número no es un concepto fácil para los/as niños/as. Las respuestas
obtenidas por el alumnado nos permiten observar que existen importantes vacíos
en cuanto a su comprensión. Por ello, es necesario plantear actividades
motivadoras a partir de los intereses de sus hijos/as, partiendo de las cuatro
fases que propone José Antonio Fernández Bravo (2007): canción, separación, correspondencia y
consecuencia. Además, pensamos que hay que evitar influir en los/as
niños/as y su percepción del número a través de canciones como “el uno es un
soldado, el dos es un patito…” ya que pueden desnaturalizar el concepto de
éste.
Por otro lado, respecto a la importancia de la geometría en edades
tempranas, consideramos que su introducción se realiza de manera transversal y
espontanea en Infantil, ya que los/as niños/as pueden encontrar figuras y
formas geométricas en su entorno más próximo (desde los juegos que utilizan
hasta las mesas en las que se sientan). Por este motivo, es importante
aprovechar cada uno de los recursos que nos ofrece el medio para fomentar un
aprendizaje holístico de la geometría. En el artículo de Mequè Edo i Basté
(1999), destaca
la aproximación a dicho aspecto a través de objetos reales y tridimensionales: empezar la aproximación de la geometría con
un tratamiento intuitivo y exploratorio del espacio y de los objetos que nos
rodean. Por este motivo, creemos que los materiales y objetos han de ser
reales y funcionales, que desarrollen la observación y experimentación, es
decir, que a través de su propia manipulación aprendan. Además, sería
conveniente que estos contenidos se estructuraran a través de los
procedimientos, tal y como defienden estos autores: es necesario priorizar los procedimientos para llegar a través de ellos
a los conceptos, en acciones reales.
Por lo tanto, es fundamental hacer una reflexión sobre los conceptos
geométricos en Educación Infantil para así ofrecer alternativas que cambien el
actual enfoque, propiciando una visión más significativa, práctica y didáctica.
Teniendo en cuenta todos estos aspectos, es necesario hacer una
diferenciación entre los ciclos y las edades de los niños y niñas, ya que no se
puede enseñar los mismos contenidos a niños de 3 años que a niños de 6, y
tampoco de la misma forma.
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